La madrastra me vio la polla y se masturbó hasta que me la metió
Desde que me mudé con ella, la madrastra no dejaba de provocarme con sus tangas ajustados y miradas cargadas de lujuria. Un día, mientras me duchaba, dejé la puerta entreabierta y ella aprovechó para espiarme, mordiéndose los labios al ver mi verga dura. Se acercó sigilosa, con las tetas rebotando bajo el sostén transparente, y me susurró al oído que llevaba semanas imaginando cómo sabría mi leche. Sin pensarlo, me arrodillé para chuparle los pezones mientras ella se frotaba el coño mojado contra mi cara. La madrastra gemía como una perra en celo, tirándome del pelo para que le metiera los dedos hasta el fondo. Cuando ya no aguantó más, se subió encima de mí, empalándose de golpe hasta que el culo le quedó pegado a mis pelotas. El choque de sus nalgas contra mi vientre resonaba en toda la habitación mientras me montaba como una diosa, con los jugos chorreando por mis huevos. En más de 13 minutos de escena, la madrastra me ordeñó hasta dejarme seco, gritando cada vez que mi polla le rozaba el punto G. Justo cuando estaba a punto de correrme, ella se bajó y se arrodilló para tragarme entero, tragando mi leche como si fuera el último trago de agua en el desierto.