Tres pollas, una madrastra tetona y una sorpresa que arde
Nunca imaginé que mi padrastro Peter Indigo Sin me miraría así, con esos ojos de depredador, mientras yo montaba el cuerpo de Sumiko en esa posición de vaquera. La madrastra tenía las tetas rebotando, grandes, naturales, y yo no podía dejar de chuparle los pezones mientras ella gemía fuerte. Todo cambió cuando metí la mano entre sus piernas y sentí lo mojada que estaba, pero no por mí… Él observaba cada movimiento, y de pronto, su verga enorme apareció detrás de Sumiko, dura como piedra. Ella se tensó al sentirla rozar su culo, pero en lugar de resistirse, abrió más las piernas. La polla de él entró de una estocada, y el gemido de ella sonó como un grito de placer inesperado. Yo me quedé paralizada, viendo cómo él la embestía sin piedad, pero ella solo pedía más. Me acerqué, le agarré el culo, y sentí el choque de sus caderas contra él. La sorpresa fue que a ella le encantaba doble penetración, algo que ninguno de los dos sabía. Peter me agarró de la nuca y me hizo chupar su verga mientras seguía follando a Sumiko, y cada vez que ella gritaba, yo sentía un escalofrío. Las tetas de la madrastra saltaban con cada movimiento, y cuando él se corrió, lo hizo dentro de ella, llenándola por completo. Yo me quedé con las ganas, pero juré que la próxima vez participaría más. La próxima vez, nada quedará fuera.