Demona Dragon se deja llenar de leche en un baño público
El vapor del agua caliente empañaba los espejos del baño, y el olor a jabón mezclado con sudor me ponía más cachonda de lo que ya estaba. Llevaba días mirándole de reojo, ese desconocido de polla gruesa que siempre me sonreía con descaro, y esta vez no iba a dejarlo pasar. Me acerqué a él con el coño palpitando, el vestido pegado a los muslos por la humedad, y sin decir nada le tomé la mano para llevarla a mis tetas. Él no dudó en apretarlas, en pellizcar mis pezones hasta que gemí, mientras su otra mano bajaba para meterse entre mis piernas. 'Quiero que me corras encima', le susurré al oído, y él no perdió el tiempo: me empotró contra la pared, levantándome las piernas para que su verga gruesa me partiera en dos. Cada embestida me hacía gritar, el choque de sus caderas contra mi culo resonaba en todo el baño, y cuando por fin se corrió, su leche caliente me cubrió los pechos, el cuello, hasta que me quedé temblando. La próxima vez, Banana Tone, te voy a chupar esa polla hasta que me ahogue en tu leche.