Señoras blancas adoran pollas negras bien gruesas
Esa vecinita del tercer piso siempre se la pasa lamiéndose los labios cada vez que pasa el negro del quinto, con esa verga que parece un bate de béisbol y ese culo que le tiembla al caminar. Hoy no pudo resistirse y lo arrastró hasta su departamento entre gemidos y empujones, arrancándole la camisa con los dientes mientras él le agarraba los pechos pequeños pero firmes que rebotaban como gelatina al correr hacia el sofá. Ella se dejó caer de espaldas con las piernas abiertas mostrando ese coño bien depilado y chorreando, susurrándole al oído que le iba a chupar hasta dejarlo seco antes de que la empotrara contra la pared. Él no necesitó más incentivo: le clavó la polla negra hasta la garganta sin aviso, haciéndola toser y mojarse aún más mientras sus tetas flácidas se sacudían con cada embestida brutal. La muy puta gimoteaba y le suplicaba que la follara más duro, arañándole la espalda mientras él la levantaba en vilo y la empalaba contra el marco de la puerta, con sus nalgas apretadas contra su vientre cada vez que la embestía hasta el fondo. Ella se corrió primero, gritando como una posesa mientras su leche le resbalaba por los muslos, pero él no paró ahí: la tiró sobre la cama y le metió la verga hasta el útero, ordeñándola con movimientos salvajes que le dejaron los muslos pegajosos y el coño hecho un desastre. Cuando por fin se descargó dentro de ella, la muy zorra tragó cada gota sin perderse ni una gotita, lamiéndole el glande con lengua ansiosa mientras sus tetas caídas se movían al ritmo de su respiración agitada. No contento con eso, le exigió que se pusiera en cuatro y le abrió el culo con los dedos antes de clavarle la polla hasta las pelotas, haciendo que sus gemidos se convirtieran en aullidos de dolor mezclado con placer mientras él le llenaba el culo de leche caliente que le escurría por las piernas. Al final, la muy guarra se quedó tirada en el suelo, con la entrepierna empapada, los pezones duros como piedras y una sonrisa de oreja a oreja mientras le pedía que le volviera a meter esa verga negra que la había dejado como una putita bien usada.