Novia de mi amiga se deja empotrar salvaje y eyacula
Llevaba meses coqueteando con la novia de mi colega, miraditas que quemaban más que un sol de agosto, pero nunca me atreví a pasar a la acción hasta que un día la invité a tomar unas copas para ver qué onda. Al principio se mostró tímida, mordiéndose el labio inferior mientras sus tetas naturales y duras se movían cada vez que respiraba hondo, pero cuando le serví su tercer trago de tequila la cosa cambió radicalmente. Se le aflojaron las piernas y se le escapó un gemido ronco cuando le metí dos dedos en el coño empapado, sintiendo cómo sus jugos ya le resbalaban por el muslo. Sin pensarlo dos veces, la agarré de la nuca y le metí la polla hasta el fondo de la garganta, ahogándose un poco antes de empezar a mamársela como una perra en celo, con sus tetas rebotando cada vez que me la clavaba más profundo. En menos de cinco minutos ya la tenía boca abajo sobre la cama, con el culo en pompa y su hoyo anal bien abierto, pidiendo a gritos que se la metiera por detrás mientras se manoseaba el clítoris hinchado. La embestí con toda la rabia que llevaba guardada, sintiendo cómo su coño se contraía y sus jugos le brotaban a chorros por las piernas, anunciando que venía una corrida épica. Le metí la polla hasta las bolas en el culo sin piedad, escuchando sus gritos ahogados en la almohada mientras sus jugos le escurrían por las nalgas y le mojaban el cojín. Cuando por fin se corrió, fue como si un río le explotara entre las piernas, dejando todo el colchón empapado en su leche mientras se retorcía de placer con la boca abierta y los ojos en blanco. Ni siquiera me dio tiempo a sacármela de la boca antes de que me agarrara de las caderas y me obligara a llenarle la garganta con mi leche caliente, tragándosela toda sin dejar ni una gota mientras seguía gimiendo con los muslos temblorosos.