Lara se deja empotrar con dos pollas duras y mea en su boquita
Lara, esa rubia de curvas perfectas y carita de ángel, llegó con una sonrisa pícara y un vestido tan corto que ya le veía el coño empapado por los muslos. Él, con esa verga monstruosa que le colgaba como un garrote, le agarró el pelo y le metió la polla hasta la garganta mientras ella se ahogaba con los gemidos. La otra verga, gruesa y venosa, se le clavó en el culo sin piedad, abriéndole el agujero hasta dejarlo como un anillo de carne que se tragaba cada embestida con un crujido húmedo. Lara, convertida en una puta sin control, se retorcía entre los dos machos que la partían en dos sin compasión, sus tetas pequeñas rebotando al ritmo de los empujones brutales mientras le escupían saliva y babas en la cara. Entre gemido y gemido, ella abrió la boquita y dejó que el chorro de meados le cayera en la lengua, tragando con avidez mientras los chorros le mojaban las tetas y le resbalaban por el vientre plano. El olor a sexo crudo y orín inundaba el cuarto, mezclado con el sonido de sus carnes chocando sin parar, los azotes en el culo que le dejaban marcas rojas y los gritos ahogados que salían de su garganta cada vez que una de las pollas le llegaba al fondo. La escena era pura humillación y placer, Lara convertida en el juguete sexual de esos dos animales que la usaban como a una perra en celo, sin importarles que a cada minuto le salieran más babas de la boca o que el sudor le empapara el pelo rubio. Cuando por fin uno de ellos le clavó la verga hasta los huevos y le llenó el coño de leche espesa, ella se corrió con un espasmo que le arqueó la espalda y le hizo soltar un chorro de meados que le salpicó la cara a su dueño. El otro no perdió tiempo y, sin sacársela del culo, le disparó otro chorro de semen caliente que le resbaló por las nalgas y le quedó pegado en el vello rubio del pubis. Lara, exhausta pero más putita que nunca, se quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas, el coño goteando leche y orín, y una sonrisa de oreja a oreja mientras los dos machos se limpiaban las pollas en su cara sudorosa y jadeante.