Noche loca con mi colega caliente y fogosa
Él llegó a su casa con una sonrisa pícara y ella ya lo esperaba en la sala con las piernas abiertas sobre el sillón, el short ceñido marcado por el coño empapado que no podía esperar más. Antes de que pudiera cerrar la puerta, ella le agarró la polla dura por encima del jeans y le susurró al oído que llevaba horas imaginándose cómo se lo iba a chupar sin piedad. Él gruñó al sentir sus dedos jugando con el botón del pantalón mientras le lamía el cuello con la lengua caliente y juguetona, dejando un rastro de saliva que le erizó la piel. La empujó contra la pared y le arrancó la blusa para morderle los pezones rosados que ya estaban duros como piedras, mientras ella gemía y le arañaba la espalda con las uñas pintadas de rojo intenso. Se dejaron caer en el suelo de la sala, él se quitó el cinturón y sacó la verga gruesa y palpitante que ella ya baboseaba con ansias, lamiéndole el glande antes de metérsela hasta la garganta sin aviso. Cada embestida de su lengua húmeda lo volvía loco, pero cuando ella se puso de rodillas y le pidió que la empotrara contra el sofá, el plan cambió por completo. La levantó en volandas y la tiró sobre las almohadas del piso, separándole las nalgas para escupirle en el coño empapado antes de clavarle la polla hasta el fondo con un golpe seco que la hizo gritar como puta en celo. Ella se retorció bajo sus embestidas brutales, con las tetas rebotando al ritmo de cada empujón, mientras él le metía los dedos en la boca para que chupara su propio sabor mezclado con el sudor salado de sus cuerpos pegajosos. Cuando notó que el coño se le contraía como un anillo apretando su verga, aceleró el ritmo hasta que los dos explotaron en un orgasmo simultáneo, ella corriéndose con chorros de leche caliente brotando de su conejito mientras él le llenaba el útero con espasmos finales que los dejaron jadeando y exhaustos sobre el piso. La noche apenas comenzaba y las sábanas ya estaban manchadas con sus jugos mezclados, pero a ninguno le importaba porque el sabor a sexo crudo y piel sudada era lo único que podían saborear en ese momento.