Tatuada Bella Bella Liora se empotra con polla enorme
Bella lleva semanas con esa polla dura de Steve metida en la cabeza cada vez que se cruza en el gimnasio con ese cuerpo lleno de tinta llena de músculos, sudor y aroma a hombre que huele a peligro y a sexo sucio. El calor entre sus piernas ya no se aguantaba más y hoy decidió ir por todo, sin miramientos ni excusas, así que lo esperó en su departamento después de que él le envió un mensaje con un simple 'ven' y una foto de su verga gorda y brillante bajo el agua de la ducha. Al abrir la puerta, Bella se lió el pelo en una coleta rápida, se quitó la tanga de encaje negro sin perder el ritmo y lo recibió con la boca abierta, chupando esa cabeza gruesa de su polla hasta que Steve gruñó y le agarró el pelo para empujarla contra el sofá, donde sus tetas tatuadas rebotaron al instante. La puso a cuatro patas con ese culo redondo y marcado, le escupió en el coño ya empapado y le metió los dedos bien hondo antes de empotrarla sin piedad, sintiendo cómo el coño de Bella se abría como una flor mojada mientras ella gritaba y se agarraba a los cojines, con los tatuajes moviéndose al compás de cada embestida brutal. Steve no se detuvo ni un segundo, le dio la vuelta para que se sentara sobre su polla gorda en posición de vaquera invertida, agarrándole las tetas mientras Bella se dejaba caer con fuerza, sintiendo esa verga hasta el fondo y haciendo que sus jugos resbalaran por los muslos. Cuando él le ordenó que se pusiera boca abajo, Bella obedeció al instante, con los pezones duros rozando el colchón y el culo en pompa para recibir el último asalto, donde Steve la empotró tan hondo que ella sintió cómo se le escapaba un chorro de leche espesa por cada embestida, llenándole el coño hasta que ya no cupo ni una gota más dentro de esa vagina hambrienta. Steve se corrió con un rugido, dejando su corrida caliente goteando por las piernas de Bella mientras ella seguía gimiendo y frotándose contra él, pidiendo más aunque ya no pudiera aguantarlo. Los tatuajes de Bella brillaban bajo el sudor, su coño seguía temblando y su boca no paraba de susurrar obscenidades entre gemidos, hasta que ambos quedaron tirados en el suelo, exhaustos y pegajosos, con las sábanas completamente mojadas y el aire cargado de ese olor a sexo crudo que solo queda después de una follada así de intensa.