Carmela, una morena de culo prieto folla en hotel
Desde que entró en el ascensor con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva del culo prieto, él supo que esa noche no acabaría en la cama del hotel. Ella, con esa sonrisa de puta experta, le rozó la polla con los muslos al caminar, dejando claro que no venía a charlar. En la suite, lo primero que hizo fue soltar los tacones y tirarse de espaldas sobre la cama, abriendo las piernas para que él viera lo mojada que estaba su raja al ritmo de sus gemidos ahogados. Él no se hizo rogar: se quitó el cinturón con un tirón seco y se lanzó sobre su cuerpo, hundiendo la cara entre sus piernas para lamerle el coño como si fuera lo último que fuera a probar en la vida. Ella le agarró de los pelos, empujando su cabeza contra su entrepierna mientras le gritaba que no parara, que la chupara más fuerte, que le comiera esa concha palpitante hasta dejarla limpia. Cuando ya no pudo más, lo empujó contra el respaldo del sofá y se sentó a horcajadas sobre su regazo, empalándose con un gemido gutural mientras su culo redondo botaba sobre sus muslos al ritmo de las embestidas brutales que le estaba dando. Él le sujetó las tetas prietas con las manos, amasándolas mientras le mordisqueaba los pezones duros como piedras, y ella se corrió con un chillido agudo, empapando su polla de jugos hasta dejarla resbaladiza. Pero no terminó ahí: cuando él ya creía que se iba a quedar dormida, ella se dio la vuelta y se puso a cuatro patas en el borde de la cama, ofreciéndole su culo prieto y tembloroso, suplicando que la empotrara hasta sacarle el alma. Él no necesitó más invitación: le agarró las caderas con fuerza y se la clavó hasta el fondo una y otra vez, sintiendo cómo su coño se estremecía con cada embestida, hasta que los dos acabaron corriéndose en un orgasmo que les dejó sin aliento, con ella desmadejada sobre el colchón y él jadeando con la polla aún dura dentro de ella, porque al final, con esa morena de curvas peligrosas, una sola vez nunca era suficiente.