Chica morena se masturba desnuda y mea en el edificio
Llevaba días viendo cómo se tocaba los pezones frente a la ventana sin saber que yo la espiaba desde el pasillo, pero hoy se pasó de lista: salió del baño con las tetas al aire y los dedos hundidos en el coño mojado, sin importarle quién pudiera verla. Se agachó un poco para que se le vieran las nalgas redondas mientras se frotaba el clítoris con movimientos circulares, sus gemidos ahogados en el eco del edificio vacío. De pronto, sin aviso, se levantó y se acercó al balcón con las piernas bien abiertas, dejando que el chorro de orina cayera sobre el alféizar mientras se mordía el labio inferior, la cara roja de placer. El olor a sexo inundó el aire cuando se limpió con la mano y se la llevó a la boca, saboreando sus propios jugos antes de volver a hundir los dedos, esta vez más rápido, más desesperada. Las bragas blancas que antes le marcaban el culo ahora estaban empapadas y pegadas a su piel, y cuando por fin se corrió, un grito agudo escapó de su garganta mientras los espasmos le recorrían el cuerpo desde los pies hasta la nuca. Se quedó ahí, jadeante, con las piernas temblorosas y la mirada perdida, como si el mundo entero pudiera ver lo que acababa de hacer... y le encantó.