Rubia española se corre a lo bestia en la ducha
La morena explosiva que tiene escondida entre las piernas no es de aquí pero su acento se derrite cuando le suelta un 'joder' entre gemidos... Lleva semanas espiándolo por el ojo de la cerradura mientras se enjabona la espalda con esos pechos firmes que le rebotan al ritmo de sus movimientos. Terry llegó sin avisar y la encontró con el coño ya empapado, los muslos temblorosos y los labios rojos mordiéndose el labio inferior sin poder aguantar más. Sin mediar palabra, él le arrancó la toalla que apenas le cubría y la arrinconó contra los azulejos fríos mientras su polla dura como una roca le rozaba el clítoris hinchado. La primera embestida le sacó un grito agudo que resonó en el baño, la polla se hundió hasta el fondo y ella sintió cómo le llenaba el vientre de calor mientras sus caderas se movían solas buscando cada centímetro de carne. Terry no se conformó con follársela suave, le agarró el culo prieto con ambas manos y empezó a empotrarla contra la pared con golpes secos que hacían chocar sus tetas contra el espejo empañado. Ella, entre suspiros y maldiciones, le clavó las uñas en la espalda mientras el agua resbalaba por su piel sudorosa y el chorro le pegaba el pelo rubio a la cara enredada en placer. Cada vez que la polla entraba hasta la raíz, a él se le escapaba un gruñido gutural y a ella un chorro de jugos le resbalaba por el muslo, mojando el suelo de mármol. Cuando Terry notó que los huevos le empezaban a subir, aceleró el ritmo como un animal en celo y ella, con los ojos vidriosos y la boca abierta en un rictus de puro éxtasis, le ordenó que se corriera dentro sin condón. La corrida fue brutal, caliente y espesa, le llenó el coño hasta rebosar mientras sus cuerpos sudados y entrelazados se sacudían en el último espasmo del orgasmo más intenso que habían tenido nunca.