Madrastra le chupa la polla gigante al hijastro
La mamacita no podía resistirse a esa verga gruesa que su hijito se paseaba por la casa como si nada, esos huevos llenos que se le marcaban bajo el bóxer blanco... tenía que probarlos aunque fuera una vez. Entre risitas nerviosas y miraditas de reojo, ella se arrodilló frente a él en el pasillo, le bajó el pantalón y dejó al descubierto esa polla monstruosa que tanto anhelaba. Con la lengua bien afuera, la morra comenzó a lamerle el tronco desde la base hasta la punta, sintiendo cómo el chico se tensaba y gemía al sentir el calor de su boca húmeda. Él le agarró la cabeza con fuerza y la empujó más adentro, ahogándola un poco mientras ella intentaba tragarla sin ahogarse, con los ojos llorosos y el coño ya empapado de solo imaginarse lo que venía. Le encantaba cómo ese cabrón le agarraba el pelo y la empotraba contra su entrepierna, sintiendo cada vena gruesa golpearle la garganta mientras ella luchaba por respirar por la nariz. Entre jadeos y babas, la mamacita se quitó el sujetador y dejó caer esas tetas naturales y pesadas sobre su cara, frotándoselas contra la mejilla mientras seguía chupando con más ansias, escuchando cómo él maldecía y le suplicaba que no se detuviera. El hijito, con las piernas temblorosas y la respiración acelerada, le agarró el culo firme y la levantó como si no pesara nada, sentándola sobre la mesa del comedor mientras se la clavaba hasta el fondo sin piedad. Ella gritó de placer, con la espalda arqueada y los pezones duros como piedras, sintiendo cómo esa verga enorme le estiraba el coño al máximo mientras él la embestía con fuerza, haciendo que los platos de la cocina temblaran con cada golpe. Entre gemidos guturales y carne chocando, la mamacita se corrió sin control, mojando el mueble mientras él le llenaba las entrañas de leche caliente, dejándola ahí, jadeante y satisfecha, con los muslos pegajosos y el olor a sexo flotando en el aire. Cuando él se retiró, ella se lamió los labios y le dijo con voz ronca que la próxima vez quería que la follara por el culo, que le encantaba sentir esa polla hasta la garganta... y él, con una sonrisa pícara, le prometió que no tendría piedad.