Boca caliente despertó con mamada mañanera
Tenía la cara enterrada entre sus muslos cuando el sol apenas asomaba por la ventana, oliendo a sexo y a piel sudada. La morena de curvas generosas ya gemía con la cabeza echada hacia atrás, mordiéndose el labio mientras sus tetas grandes se balanceaban al ritmo de cada movimiento. Él no pudo resistirse y le agarró el pelo para que no se moviera, sintiendo cómo su polla gruesa se deslizaba entre sus labios carnosos sin piedad. Cada caricia de su lengua sobre el glande hinchado la hacía jadear más fuerte, y sus muslos se apretaban contra su cabeza como si quisiera ahogarlo de placer. La mamada se volvió salvaje cuando ella le clavó las uñas en el culo prieto, empujándolo más dentro de su boca, que ya estaba bien mojada con su saliva y el jugo que le escurría por las piernas. Él no tardó en empalmarla contra la pared, levantándole una pierna para que su coño empapado quedara a la altura perfecta mientras le metía la verga hasta el fondo. Los gritos de ella resonaban en el cuarto, mezclados con el sonido de sus cuerpos chocando sin control y el crujido de sus botas de tacón sobre el piso de madera. La piel le ardía donde sus manos la apretaban, y cada embestida le arrancaba un gemido que se le atascaba en la garganta cuando él le agarraba las tetas desde atrás y le clavaba los dientes en el hombro. Cuando el orgasmo la atravesó como un rayo, su coño se contrajo alrededor de su verga de tal forma que no pudo aguantarse más y se corrió dentro de ella con un gruñido ronco, llenándola de leche espesa que se le escurría por las nalgas redondas. Ella se dejó caer contra su pecho, jadeando y con la cara llena de lágrimas de placer, mientras él le lamía los pezones duros que le quedaban marcados por sus dedos. La piel le brillaba por el sudor y la excitación, y aunque ya había acabado, sus cuerpos seguían temblando del esfuerzo, pegados el uno al otro como si no quisieran soltar el momento.