Chiquita de 18 se empotra con novio de 19 años
La morena de pelo corto y tatuaje en la cadera no podía quitarle los ojos de encima al flaquito de su novio mientras bailaban pegados en la fiesta de cumpleaños de su primo. Cada vez que él le rozaba el culo con esa verga que ya le marcaba el pantalón ajustado, ella sentía cómo el coño se le humedecía sin remedio y los pezones se le ponían duros como piedras bajo la blusa de tirantes. Sin pensarlo dos veces, lo agarró de la mano y lo arrastró hasta el baño de la casa, donde la puerta ni siquiera llegó a cerrarse antes de que él la empujara contra la pared con un gruñido y le bajara el short de lycra hasta los tobillos. La chica, más mojada que un charco después de la lluvia, se arqueó hacia atrás ofreciéndole el culo prieto y redondo mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba al oído lo puta que estaba por necesitarlo así de duro. Con los dedos enredados en su pelo corto, él le levantó una pierna y le clavó la polla hasta la empalizada sin piedad, haciéndola gemir como una perra en celo mientras las embestidas le sacudían las tetas pequeñas y firmes que rebotaban sin control. Ella, con los labios entreabiertos y la saliva colgando, no paraba de gritar 'más fuerte, más fuerte' mientras él le agarraba las caderas y se la empotraba como si no hubiera mañana, llenándole el coño de leche caliente hasta que los dos acabaron exhaustos y jadeantes sobre el lavabo, con las bragas rotas y la ropa pegada al cuerpo por el sudor y los jadeos. El novio, todavía con la verga dura, le lamió los jugos que le resbalaban por los muslos antes de darle un último beso en la boca, sabiendo que esa noche no iban a dormir ni un segundo.