Sadkarlos le rompe el culo a su compañera de piso
Sadkarlos llevaba semanas mirándole el culo a su compañera de piso, imaginando cómo sería meterle la polla hasta las pelotas en ese agujerito apretado. Las miradas furtivas en la cocina, los roces "accidentales" en el pasillo, el calor que se acumulaba entre ellos hasta volverse insoportable. Una noche, después de unas copas, ella se le insinuó con una sonrisa pícara, moviendo las caderas mientras se agachaba a recoger algo del suelo. Él no aguantó más, la empujó contra la pared y le bajó los pantalones de un tirón, dejando al descubierto ese culito pequeño pero perfecto, ya mojado de anticipación. Le metió un dedo sin avisar, sintiendo cómo se apretaba alrededor de su piel, y ella gimió fuerte, arqueando la espalda para pedirle más. Sadkarlos no perdió tiempo, le escupió en el culo y le clavó la polla de una estocada, sintiendo cómo el anillo de músculo cedía bajo la presión. Ella gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras él la embestía con fuerza, sintiendo cómo su culo se adaptaba a cada centímetro de su verga dura. Las nalgas le rebotaban contra el vientre, el sonido de la carne chocando llenaba la habitación, y ella no paraba de gemir, pidiendo que se la metiera más profundo. Sadkarlos le agarró las tetas con una mano y con la otra le separó las nalgas para ver cómo su polla entraba y salía de ese agujerito rosado, brillante de saliva y lubricación. El ritmo se volvió frenético, los gemidos más altos, hasta que él sintió el calor subir por su espalda y se corrió dentro de ella, llenándole el culo de leche caliente mientras ella se convulsionaba de placer. El orgasmo los dejó temblando, con los cuerpos sudorosos y pegados, pero sin tiempo para recuperarse, porque ya estaban listos para otra ronda.