Tina gritando mientras Johnny le destroza el culo de perra
El sonido de su polla chapoteando en mi culo mojado me hacía retorcerme de placer, pero no era solo por eso: cada gemido mío era un puñal clavado en su ex, que se había reído cuando me dejó. Me arrodillé en el sofá, apretando las nalgas contra su cadera mientras él me embestía sin compasión, las uñas hundidas en el cojín. Sentía cada centímetro de esa verga gruesa abriéndome el recto, el ardor mezclándose con el orgullo de saber que él estaba tomándome como nadie lo había hecho. Johnny me sujetó de las caderas con fuerza, marcándome moretones mientras me empalaba de una estocada, sus bolas golpeando mi coño empapado. Gemía mi nombre entre dientes, jurando que iba a reventarme el culo, y yo solo podía gritar más fuerte, pidiendo que me diera todo, que me dejara sintiendo su leche adentro. El sofá chirriaba con cada movimiento, el ruido de nuestros cuerpos chocando llenando la habitación. Cuando por fin se vino, lo sentí derramarse dentro de mí en chorros calientes, el calor extendiéndose por mis entrañas mientras mis paredes se contraían alrededor de su polla. Fue en ese momento, con su semen goteando entre mis muslos y su respiración agitada en mi cuello, que supe que no habría vuelta atrás.