Mi hermanastra viene cada noche a que se la folle el culo
—No aguanto más, necesito que me rompas el culo otra vez— susurró LunaBandida mientras se mordía el labio, sus ojos brillando con esa mezcla de vergüenza y deseo que lo volvía loco. Él la miró, sabiendo que esto estaba mal, pero la polla ya le latía contra los pantalones. La empujó contra la pared, sus manos apretando ese culo redondo que tanto lo volvía loco, y sin decir nada más, le bajó los shorts hasta los tobillos. Ella gimió cuando sintió sus dedos húmedos abrirle las nalgas, su coño ya chorreando de anticipación. —Puta, esto está prohibido— gruñó él mientras le escupía en el agujero, pero ella solo arqueó más la espalda, ofreciéndose como una zorra en celo. En más de 11 minutos de escena, la penetró de una estocada, sintiendo cómo su culo apretado cedía ante la polla gruesa, sus gemidos ahogados contra la almohada. Cada embestida la hacía temblar, sus tetas rebotando con cada impacto, hasta que él no pudo más y le llenó el culo de leche caliente, marcándola como suya. Cuando terminó, solo quedó el olor a sexo y el rastro blanco que le corría por los muslos.