Esta putita anal se vuelve loca si le rompen el culo sin piedad
Llevaba días mirándole el paquete con esos ojos de perra en celo, mordiéndose el labio cuando se acercaba a mí, rozándome el culo con las manos «por accidente» cada vez que pasábamos cerca. Él sabía lo que quería, pero se hacía el tonto, disfrutando de ver cómo me retorcía de ganas. Hasta que una noche, Barbie Maddy, esa zorra de Toby Dick Studios, me agarró de las caderas y me empotró contra la pared. «¿Por qué esperar más, puta?», me susurró al oído. Mi coño ardía, pero era el culo lo que gritaba por atención. Me bajó los pantalones de una palmada, dejándome el culo al aire, y sentí su polla gruesa presionando contra mi agujero cerrado. «Ábrete para mí», gruñó, escupiendo en su mano antes de frotar saliva en mi entrada apretada. Gemí cuando empezó a empujar, sintiendo cómo mi anillo se estiraba, resistiendo solo un segundo antes de ceder. «¡Ahh, sííí!», grité, sintiendo cada centímetro de su verga entrando hasta que mi culo se ajustó a su grosor. Cada embestida era más profunda, más salvaje, y yo no podía parar de gemir, de suplicar más. Me agarró del pelo, tirando fuerte mientras me follaba el culo como una perra en celo, su verga entrando y saliendo con sonidos obscenos. «Te encanta esto, ¿verdad, zorra?», me dijo, y yo solo pude gritar «¡Sí, sí, fóllame más fuerte!» mientras él me azotaba el culo con fuerza, dejando marcas rojas en mi piel. Cuando ya no aguantó más, me dio vuelta y me obligó a chuparle la polla llena de mi saliva, escupiendo directamente en mi boca antes de correrse. «Trágatelo todo, puta», ordenó, y yo obedecí, tragando cada gota mientras mi culo ardía por el uso brutal. «¿Quieres más o ya estás llena, Barbie Maddy?», me provocó, y yo solo pude reír, lista para otra ronda.