La enfermera se deja follar el culo por Ramon Nomar
La sala de espera está vacía, pero las paredes de azulejos blancos no amortiguan el sonido de mi respiración agitada cuando Ramon Nomar me empuja contra el mostrador de la recepción. ¿Te gustaría estar en su lugar? ¿Sentir cómo sus manos me agarran las caderas mientras me clava la polla gruesa hasta el fondo del culo? Cada vez que oigo pasos en el pasillo, contengo un gemido y él me tapa la boca con la otra mano, pero eso solo hace que me moje más. Sus embestidas son tan fuertes que el bolígrafo de mi bata se cae al suelo con un ruido seco, y sé que si alguien entra ahora nos pillará con las nalgas al aire y su verga enterrada hasta las pelotas en mi agujero prieto. Ramon me susurra al oído que tiene que correrse y yo empiezo a temblar, imaginando a mis compañeros de turno abriendo la puerta y viendo cómo me encula con esa brutalidad. Cuando por fin se vacía dentro de mí, las piernas me flaquean tanto que me agarro a su cuello, pero es demasiado tarde: se oye el picaporte girar y la puerta se entreabre...