La corrió en la cara mientras ella se mojaba de celos
Tus dedos ya estaban enterrados en su coño cuando notaste cómo se apretaba contra tu mano, gimiendo como una perra en celo mientras te miraba con esos ojos llenos de rabia. Sabías que estaba pensando en él, en el tipo que la había dejado tirada, y eso solo te ponía más duro. La volteaste de golpe, empujando su cara contra el colchón mientras le abres las nalgas con las manos y le clavas la polla hasta que sus muslos tiemblan. Ella gritó, pero no era de dolor, sino de placer, y eso te hizo enloquecer. Cada embestida era un castigo, cada gemido una venganza, hasta que la sentiste apretarte como un tornillo y te corriste en su cara, marcándola como tuya. Ahora sabe que nadie la toca como tú. La próxima vez, le vas a romper el culo hasta que llore.