La latina Annie Marin me pidió que le partiera el culo con mi verga bien gruesa
No sabía que entrar a ese departamento iba a terminar así, pero en cuanto Annie me miró con esos ojos de puta cachonda, supe que no iba a salir sin metérsela hasta las pelotas. Me arrodillé frente a ella, le bajé la tanga con los dientes y le hice gemir mientras le chupaba el culito rosado, húmedo y apretado como un tornillo. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar de lamerla hasta que suplicó que se la metiera de una vez. Me puse de pie, le abrí las nalgas con las manos y la embestí de golpe, sintiendo cómo su culo se cerraba alrededor de mi polla como si no quisiera soltarla. Annie gritaba, se retorcía, pero yo no le di tregua: la empujé contra la pared, la penetré más profundo, sintiendo cómo mis bolas chocaban contra su piel cada vez que me hundía en ella. El culo de Annie era perfecto, caliente y mojado, y yo no paré de follarla hasta que supe que iba a reventarla. Cuando me corrí, le dí un chorro tras otro en la espalda, marcándola como mía mientras ella seguía temblando de placer. La próxima vez, voy a traer a Bruno para que vea cómo me como ese culo otra vez.