Milla Ferrazzo me descubre en la ducha y se vuelve una esclava de mi polla
¡Ay, dios! ¿Así que esto es lo que escondes bajo esos pantalones ajustados? La voz de la limpiadora sonó entrecortada cuando me pilló desnudo en el baño, mi polla dura como roca destacando bajo el agua. Sus ojos se abrieron como platos al ver el tamaño, y en un segundo ya estaba de rodillas, mordiéndose el labio mientras me agarraba las pelotas con esa mano de putita sumisa. Me incliné para susurrarle al oído: ¿Ves lo que te espera, perra? Y ella solo gimió, mojando su coño al sentir mi aliento caliente en la nuca. No perdió tiempo, metiendo mi verga hasta las pelotas de una sola embestida mientras su culito perfecto se apretaba contra mis caderas. Gemí al sentir cómo su chocho caliente me envolvía, tan mojado que resbalaba como aceite sobre mi piel. Cada vez que la empotraba contra los azulejos, sus gritos rebotaban en las paredes: ¡Más, dámelo todo, dueño! La giré para clavársela por atrás, viendo cómo su culo se abría con cada empujón brutal. Cuando por fin me corrí, llenando su garganta con mi leche espesa, ella se lamió los labios como una puta en celo. Ahora sé la verdad: esta milf no quería limpiar, solo ser mi esclava sexual.