Patitas de puta se corre en la cara de su sumiso
Ella llegó con esos tacones de aguja que le hacen el culo más respingón y las piernas más largas que un chisme de telenovela, pero hoy no venía de trabajar, sino de domar a su pobre esclavo. El muy baboso ya estaba en el suelo con la cara pegada al suelo, esperando a que esa perra con tacones le aplastara la polla contra la alfombra mientras se frotaba los piececitos en su entrepierna. Con un gemido de satisfacción, la muy zorra se quitó los zapatos y le escupió en la cara, ordenándole que le chupara los dedos uno por uno, sintiendo cómo el sabor a sudor y esmalte le ponía más dura que un palo. Mientras él le lamía los talones con la lengua temblorosa, ella se subió a horcajadas sobre su pecho, aplastándole las tetas contra la cara y ahogándolo con el peso de sus muslos musculosos. 'A ver, mi perrito, ¿te gusta que te pisoteen como a un trapo?' le susurró al oído mientras le frotaba las plantas de los pies contra la punta de su verga, dejándolo babear como un idiota. El muy cerdo no tuvo más remedio que aguantar mientras ella le escupía en los huevos y le exigía que le lamiera hasta el último centímetro de las plantas, oliendo a calcetín usado y a pies calientes de mujer dominante. Cuando por fin le permitió que se corriera, fue solo para reírse mientras le aplastaba la polla con el talón, viendo cómo el pobre se corría sobre su propia barriga, mezclando su leche con las gotas de sudor que le caían de las piernas. 'Qué asquito de esclavo' le soltó mientras se bajaba de él, dejándolo tirado en el suelo como un trapo viejo, con la cara roja de vergüenza y la polla pegajosa por el castigo. Pero lo peor no fue el dolor, sino el olor a pies de mujer que le quedó impregnado en la nariz por el resto del día.