Hermana política alemana te pilló pajearte mirándola
Llevabas días espiando cómo se duchaba con la puerta entreabierta, masturbándote en silencio mientras su culo redondo brillaba bajo el agua caliente y su coño gordo se abría con cada movimiento de sus dedos. De repente, escuchaste el chirrido de la puerta al abrirse de golpe y ahí estaba ella, con las tetas rebotando al ritmo de sus pasos, el pelo rubio pegado a la piel sudorosa y una sonrisa perversa al ver tu polla dura y roja, escupiendo gotas de leche por el capullo. No tuvo piedad, te agarró del pelo y te empujó contra el azulejo frío del baño mientras te susurraba al oído un alemán sucio que te puso más duro que nunca. 'Du Arschloch... te voy a empotrar hasta que no puedas caminar', te soltó antes de arrodillarse y chuparte la verga hasta dejarla limpia, lamiendo cada vena con su lengua gruesa y juguetona. Tú intentaste protestar, pero solo salieron gemidos ahogados cuando te clavó las uñas en los huevos y te obligó a correrte en su boca, tragándose cada gota mientras su coño chorreante se frotaba contra tu muslo. Ella se levantó con un movimiento brusco, empujándote contra el lavabo y subiéndote la camiseta por encima de la cabeza antes de morderte el pezón izquierdo con tanta fuerza que casi te hace gritar. 'Ahora vas a ver lo que es una hermana alemana de verdad', te advirtió mientras se bajaba las bragas y se sentaba sobre tu regazo, empalándose en tu verga con un gemido profundo que resonó en las paredes del baño. Sus tetas gigantes rebotaban sin control mientras te cabalgaba como una posesa, apretando su coño empapado contra tu pelvis hasta que tus caderas perdieron el control y empezaste a embestirla como un animal, llenándola de leche hasta que su culo quedó pegajoso y su coño chorreando por todas partes. Cuando por fin se dejó caer sobre ti, exhausta, su clítoris hinchado seguía latiendo entre sus piernas, y tú no pudiste evitar correrte otra vez al sentir cómo su jugo te resbalaba por los huevos. La alemana se limpió con tu camiseta antes de susurrarte al oído: 'La próxima vez que quieras pajearte, avísame... te dejaré hacerlo dentro de mí', y salió del baño dejando la puerta abierta, con el eco de sus risas alemanas mezclándose con el sonido de tu respiración entrecortada.