Pies desnudos atados y garganta empalada sin piedad
Esa morenita de tacones altos y uñas pintadas de rojo no podía aguantar más las ganas de probarle a ese macho de verga monstruosa lo que valía su boquita temblorosa. Él la tenía amarrada de pies a cabeza con cuerdas que le apretaban los tobillos hasta dejarle marcas rojas en la piel fina, mientras ella se retorcía sobre el colchón sudando de puro nervio y deseo. No bien la soltó un segundo para agarrarle la cabeza con sus manos enormes, ella se la abrió de par en par como una putita sumisa que sabe que su castigo va a ser glorioso. La primera embestida le entró hasta la campanilla y la hizo toser con los ojos llorosos, pero no se quejó ni un segundo: solo tragó saliva, se limpió los chorretones de babas y volvió a abrir la boca como una perra bien entrenada. Él le agarraba el pelo con fuerza mientras le metía y sacaba la polla con movimientos brutales, cada vez que le llegaba hasta el fondo ella soltaba un gemido ahogado que le vibraba en la garganta y le ponía la piel de gallina a él. La morra no solo tragaba como una campeona, sino que cada vez que él se corría le dejaba la boca llena de leche espesa y caliente, que ella se bebía sin dejar ni una gota mientras le miraba con esos ojos negros llenos de lujuria. Entre cada corrida él le azotaba el culo redondo con la mano abierta hasta dejarlo rojo, y cada vez que ella se quejaba él le recordaba que era su putita esclava de pies desnudos, que solo vivía para chupar y tragar. Los pies le temblaban de puro esfuerzo cuando él por fin la soltó después de correrse en su garganta tres veces seguidas, dejándola jadeando con los labios hinchados y la saliva resbalándole por la barbilla. Ella se quedó tirada en el suelo, con las piernas aún temblorosas y el coño más mojado que nunca, mientras él se limpiaba la verga en su pelo y le decía que la próxima vez le iba a empalar por el culo sin compasión. La muy guarra solo atinó a sonreírle con los ojos vidriosos y a pasarse la lengua por los labios para saborear los últimos restos de semen que le quedaban pegados a la lengua, lista para que él la usara de nuevo cuando quisiera.