Lea Chatta y Cris Angelo follan con dominación intensa
Lea lleva días mordisqueando sus uñas pintadas de negro cada vez que Cris pasa frente a ella con esa mirada de perro hambriento. La primera vez que sus labios se juntaron fue en el sofá, entre gemidos ahogados y manos que se enredaban en el pelo largo de él. Él la empujó contra la pared de ladrillo visto del loft, le arrancó el sujetador de encaje negro y le dejó los pezones duros como piedras mientras le susurraba al oído lo puta que estaba. Ella, con las piernas temblorosas, le respondió clavándole las uñas en la espalda y pidiéndole a gritos que le metiera la polla hasta el fondo. Cris la levantó del suelo, le abrió las piernas alrededor de su cintura y empezó a empotrarla contra la puerta, haciendo que el espejo del recibidor vibrara con cada embestida brutal. Lea, con la boca llena de babas, le chupó los huevos mientras él le azotaba el culo con la mano abierta, dejándole marcas rojas que brillaban bajo la luz tenue. Cuando él la tiró sobre la cama, ella se puso a cuatro patas y le mostró el coño empapado, con los labios hinchados y el clítoris palpitando de ganas. Cris no perdió tiempo: se enterró en su culo sin piedad, estirándola hasta que ella soltó un grito que casi le revienta los tímpanos, mientras él le agarraba las caderas con fuerza para no salirse ni un milímetro. Entre sudor, saliva y gemidos que resonaban en las paredes, Lea se corrió primero con un chorro de jugos que le empaparon las sábanas, pero él no aflojó: siguió dándole hasta que ella, exhausta, le pidió que se corriera dentro de su coño para sentirlo arder por dentro. Cris se descargó con un gruñido animal, llenándola de leche espesa mientras ella se retorcía de placer, con la cara enterrada en el colchón y las piernas todavía temblorosas de tanto gozar.