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Marie la perra se humilla en club de intercambios

19:31 1080P 3 Bdsm
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Marie llegó al local con esa mirada de zorra sumisa que ya le había echado encima al dueño tres clientes antes de que cerrara la puerta. Llevaba un vestido ajustado que apenas le tapaba el culo redondo y unos tacones que hacían temblar sus tetas al caminar, pero lo que más excitaba era el collar de esclava que el muy cabrón le había puesto nada más entrar, con una placa que decía 'propiedad de'. No necesitó que le ordenaran nada cuando se arrodilló en medio del salón, con la boca bien abierta y la saliva goteando por su barbilla mientras esperaba a que algún macho le metiera la gruesa verga hasta la garganta. El primero no se hizo esperar: un tipo alto con polla venosa le agarró la cabeza por los pelos y se la empaló sin piedad, haciéndola ahogarse con sus huevos mientras ella gemía con la garganta llena y los ojos llorosos. Marie no era ninguna virgen en esto, pero que la tratasen como a una puta de verdad, obligándola a chupar trozos de carne ajena mientras le azotaban el culo con una correa, le ponía la carne como un fierro. Cada cachetada le dejaba marcas rojas en las nalgas que temblaban al ritmo de los empujones brutales que le daban por detrás, con una verga que le abría el coño hasta el fondo cada vez que la embestían con saña. 'Más fuerte, perra, que esto es un puto club de intercambios', le escupió el dueño mientras le metía los dedos en la boca para que se los chupara como si fueran una polla más. Marie no paraba de correrse, con el clítoris hinchado y los muslos empapados en su propio jugo, pero lo que más le ponía era que todos la vieran así, con la cara llena de semen espeso, los pechos aplastados contra el suelo y el culo en pompa para que cualquier hijo de puta le metiera hasta la raíz sin preguntar. Cuando por fin le dieron la orden de correrse sobre el rostro de alguna otra puta del local, Marie no dudó ni un segundo: se bajó las bragas empapadas y se frotó el coño mojado contra la cara de la otra mujer mientras gritaba como una posesa, con hilos de leche colgando de su pelo teñido y los muslos temblando de placer. Al final, exhausta y con los labios hinchados, se quedó tirada en el suelo como la puta esclava que era, esperando la próxima orden con la boca entreabierta y los ojos brillantes de sumisión.

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