La rockera asiática se corre con polla hasta el fondo
Lleva días subiendo fotos con esos zapatos de tacón que se clavan en el suelo cada vez que se le escapa un gemido ahogado entre los dientes apretados. El tipo, con esa mirada de cabrón dominante que le echa encima como si fuera su dueña, le agarra del pelo y le obliga a arrodillarse sobre el tatami de su piso en Tokio. Ella, con esa polla pequeña pero bien dura que le late en la mano, no puede evitar soltar un suspiro de sumisión mientras él le escupe en la boca abierta, obligándola a chupar cada centímetro hasta que la saliva le resbala por la barbilla. Las primeras embestidas son lentas, pero él no tarda en empotrarla contra la pared con tanta fuerza que los tacones le quedan suspendidos en el aire, dejando el culo al descubierto mientras el vestido de cuero le sube hasta la cintura. Los gritos de ella se mezclan con el sonido de las palmadas en su carne, que cada vez suena más mojada y pegajosa, los jugos resbalando por sus muslos mientras él le ordena que no se limpie, que se corra así, con los zapatos llenos de sus propios fluidos. La dominación se nota en cada orden corta, en cómo él le exige que siga moviendo la cadera aunque ya no pueda más, mientras le susurra al oído que es su puta para usar y tirar. Cuando por fin le mete toda la verga hasta el fondo, ella se corre con un espasmo que le hace temblar las piernas, los jugos brotando a borbotones mientras él le agarra la cabeza para que no se le escape ni un gemido. El semen le cae a chorros por la cara y el cuello, manchándole el vestido y los pechos, dejando rastros blancos que ella se limpia con los dedos antes de llevárselos a la boca, lamiéndolos como si fuera su postre favorito. Él no se corre dentro, prefiere verla tragar cada gota mientras le repite que es una buena perra obediente, que se lo ha ganado con creces por dejarse usar como un juguete. Los tacones, ahora manchados de sudor y semen, siguen clavados en el suelo cuando él la empuja contra el suelo y le ordena que se quede quieta, con las piernas abiertas, mientras él se masturba sobre su coño empapado hasta que la última gota le cae directamente en la boca entreabierta. Ella no protesta, solo susurra un gracias con voz ronca, sabiendo que esta noche la van a recordar como su mejor putita asiática.