La ama humilla a su esclava en el baño público
El collar de cuero le apretaba el cuello cada vez que intentaba levantarse de rodillas, con las esposas de acero mordiéndole las muñecas mientras la puta de tetas grandes se arrastraba hacia el inodoro sucio. La madame, con sus botas de tacón golpeando el piso de azulejos, le escupió en la cara y le ordenó que lamiera el charco amarillo que acababa de hacer sobre el suelo del baño, gritándole que era la vergüenza de su casa. La esclava, con el coño todavía goteando de la corrida anterior, obedeció temblando, sintiendo el olor a orina quemándole las fosas nasales mientras hundía la lengua en el líquido caliente y amargo. La mujer le agarró de los pelos y le empotró la polla en la boca sin avisar, ahogándola con cada embestida brusca hasta que le brotaron lágrimas de los ojos y un hilo de babas le resbaló por la barbilla. Entre gemidos ahogados y arcadas, la puta intentó chupar con fuerza, pero la madame solo se reía y le escupía más en la boca abierta, recordándole que solo era un agujero con patas. Cuando por fin la soltó, la esclava se desplomó contra el suelo frío, con la cara roja de vergüenza y los muslos pegajosos por el flujo que le escurría sin control. La mujer le pisó el coño mojado con la bota, aplastándole el clítoris hasta que la puta soltó un gritito agudo y se corrió sin querer, con el cuerpo convulsionando bajo el peso de su ama. La madame, satisfecha, le ordenó que se arrastrara hasta el lavabo y se lavara la cara con el agua sucia del grifo, mientras le susurraba al oído que en una hora volvería para follársela otra vez por el culo, esta vez sin piedad. La esclava, exhausta y humillada, solo atinó a asentir con la cabeza, sabiendo que su orgasmo más intenso llegaría cuando la polla de su ama le partiera el culo sin lubricante, dejándola hecha un trapo para el resto de la noche.