Nikki Montero la trans que me sorprendió en el club con su polla de acero
Agarré a Nikki Montero por la cintura en medio del club, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo mis manos mientras la lencería negra se pegaba a su piel sudorosa. Nunca imaginé que esa sonrisa pícara escondía una polla dura como el acero, gruesa y palpitante, lista para romperme en dos. La arrastré al baño más cercano, donde la empujé contra la pared y le bajé el pantalón de un tirón, dejando al descubierto ese trozo de carne que me dejó sin aliento. Me arrodillé y empecé a chupar con fuerza, sintiendo cómo sus caderas empujaban hacia adelante, buscando más profundidad. Ella gemía como una puta en celo, agarrándome del pelo mientras yo tragaba cada centímetro de su verga. Cuando la tuve bien mojada, la levanté y la empotré contra la pared, clavándosela de una sola estocada hasta que sus ojos se pusieron en blanco. Cada embestida hacía que sus tetas rebotaran, y el sonido de sus gemidos se mezclaba con el choque de nuestros cuerpos. La volteé y la puse a cuatro patas, agarrando sus caderas con fuerza mientras la penetraba sin piedad, sintiendo cómo su culo apretado me apretaba como un tornillo. Cuando por fin me corrí dentro de ella, Nikki Montero solo podía pensar en lo bien que le había quedado mi leche caliente en sus entrañas.