Jeison le ordeña las tetas mientras la empotra en el sofá
‘No hagas ruido, que mi tía está arriba’ me susurró Emilis mientras le abría de una las piernas para hundirle la polla de golpe. Su coño estaba tan mojado que hasta las medias se le pegaban a los muslos, y cada vez que le metía una estocada hasta las pelotas, sus tetas bailaban como si quisieran salirse de la lencería. No podíamos gritar, pero los gemidos se nos escapaban en susurros entrecortados, temiendo que alguien nos escuchara. Emilis se agarraba al sofá como si fuera un salvavidas, mirando hacia la puerta cada vez que yo aceleraba las embestidas. ‘Más duro, pero callado’, me pedía, y yo le obedecía, clavándosela sin dejar ni un centímetro libre, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi verga. El riesgo de ser pillados nos ponía más calientes, y cuando le agarré las tetas para ordeñarlas mientras la penetraba, Emilis mordió la almohada para no gritar. ‘Voy a correrme’, le avisé en un susurro ahogado, y enseguida la sentí temblar, sus paredes vaginales apretándome como si quisieran exprimirme hasta la última gota. La última embestida fue tan fuerte que el sofá crujió, y justo cuando su espalda se arqueó