Monica M la trans rubia se masturba con un vestido blanco
—¿Vas a dejar que te vea así, toda mojada y con esa polla enorme?— le susurró el hombre mientras Monica M, la trans de tetitas pequeñas pero culo redondo, se acomodó el vestido blanco mientras se tocaba sin pudor en el sofá. Sus dedos finos recorrieron el tronco grueso hasta llegar a la punta, que ya brillaba con la primera gota de pre-cum. Ella gimió al sentir cómo su propia mano apretaba más fuerte, imaginando la boca de alguien chupando esa verga que apenas cabía en su puño. Pero no se detuvo ahí: con la otra mano, abrió sus piernas y deslizó los dedos por su coño ya chorreante, sintiendo cómo cada roce la hacía arquear la espalda. Él, que la observaba con los ojos clavados en su culo, notó algo inesperado: la polla de Monica M no era solo grande, sino que tenía un grosor que apenas podía creer. —Joder, ¿cuánta polla tienes ahí?— muttered, sorprendido, mientras ella se reía entre jadeos. Monica M no contestó, pero se inclinó hacia adelante, dejando al descubierto su culo perfecto, y se lanzó a empalarse su propia polla con un movimiento rápido. El hombre casi gritó al ver cómo esa verga desaparecía en su propio cuerpo, llenándola hasta que sus caderas chocaron. El sonido húmedo de la carne golpeando resonó en la habitación, y Monica M ya no se podía contener: sus gemidos se volvieron más agudos, más desesperados, mientras sus dedos se hundían en su culo, buscando alivio. El vestido blanco, ahora manchado con su propio deseo, se pegaba a su piel sudorosa. Cuando por fin sintió el calor subiendo por su verga, Monica M se corrió en un chorro potente, manchando el sofá con su leche espesa. La última gota quedó colgando de su punta, brillante bajo la luz de la lámpara.