La sesión de tatuajes se convirtió en un trío anal con la artista
El olor a tinta fresca y el zumbido de la máquina me tenían excitada antes de que Edone Kaliyuga empezara a trazar líneas en mi piel, pero cuando su mano se deslizó por mi culo, supe que esto no terminaría con un tatuaje. Las paredes del estudio eran finas, y cada gemido mío podía ser escuchado por los vecinos, pero no me importó cuando la otra chica se arrodilló y empezó a chuparme el coño mientras Edone me embestía por atrás, sus dedos clavados en mis caderas para mantenerme quieta. El riesgo de que alguien entrara era lo que lo hacía más intenso, el sonido de la puerta chirriando en el pasillo me hacía apretar el culo alrededor de su polla, sintiendo cómo se hinchaba más con cada embestida. Edone me agarró del pelo, tirando hacia atrás para que mi boca se abriera y la otra chica metiera su lengua, ahogando mis gritos. El sudor me corría por la espalda, mezclándose con la tinta que aún no se secaba, y cuando Edone se corrió, lo hizo con un gruñido que resonó en toda la habitación, su leche caliente manchando mi piel recién marcada. La próxima vez, será en un lugar donde no tengamos que callar nuestros gemidos.