Cherry Mavrick domina a Valeria Atreides con su polla de acero
Esa tarde en el hotel, el aire acondicionado no alcanzaba para bajar el calor que te quemaba por dentro. Valeria Atreides se arrodilló frente a ti, mirándote con esos ojos de sumisión que te ponen la polla más dura que el acero. La agarras del pelo y le ordenas que te la chupe, sintiendo cómo sus labios carnosos envuelven tu verga hasta las pelotas. Ella obedece, gimiendo mientras te la traga entera, pero tú no quieres solo eso: la empujas contra la cama y le ordenas que se ponga a cuatro patas, mostrando ese culo apretado que tanto te vuelve loco. Sin piedad, le metes los dedos en la boca para humedecerlos y luego los hundes en su agujero trasero, sintiendo cómo se contrae de placer y miedo a la vez. 'Pídeme permiso, puta', le susurras al oído, y ella, jadeando, suplica: 'Por favor, señor, déjame sentir tu polla en mi culo'. Te la metes de una estocada, escuchando cómo grita de dolor y placer mezclados, mientras tus caderas chocan contra su carne. La empotras cada vez más fuerte, sintiendo cómo su culo se adapta a tu grosor, cómo sus gemidos se vuelven más desesperados. Le das nalgadas, le tiras del pelo, le ordenas que se corra antes que tú, y ella obedece, temblando bajo tu dominio. Cuando por fin te corres dentro de su culo, sintiendo cómo tu leche la llena por completo, ella solo piensa en una cosa: que nunca querrá que esto termine.