Las tatuadas se traicionan con mi polla tras los celos
—Te vas a arrepentir de esto, Illuz— le dije mientras le arrancaba el tanga con los dientes. Ella solo rio, con los pezones duros y el coño ya mojado, sabiendo que esto era su venganza contra el tipo que la había dejado. Me encantó cómo sus tatuajes se movían con cada gemido mientras la empotraba contra la pared, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi verga. Le metí los dedos en la boca para callarla, pero ella los chupó como una puta hambrienta, mordiéndome los nudillos mientras yo le clavaba la polla hasta hacerle tocar el cuello del útero. Sus gritos se mezclaban con los golpes de mis caderas contra su carne, y cuando le agarré las trenzas para tirarle la cabeza hacia atrás, sus ojos se llenaron de lágrimas de placer. Sabía que estaba pensando en él, en cómo yo le estaba dando lo que él nunca pudo, y eso me ponía más duro. Al final, cuando me corrí dentro de ella, Illuz solo pudo susurrar mi nombre, sintiendo cómo su orgasmo la dejaba temblando, pero con la mente aún en el otro. Sabía que esto no era solo sexo, era una guerra, y yo acababa de ganar una batalla.