Patricia Chen me desarma con su culito apretado y mi polla negra
El olor de su perfume dulce pero picante me volvió loco desde el primer segundo que entró a la habitación, sus tacones resonando en el suelo mientras me miraba con esos ojos que decían que esto estaba prohibido, pero que ella no iba a parar. Patricia Chen, con su cuerpo perfecto y ese trasero que no cabía en mis manos, se arrodilló frente a mí y me sacó la polla con esa sonrisa de puta que sabe lo que hace. La chupó hasta dejarla brillante, sus labios apretados alrededor de mi verga, gimiendo como si no pudiera resistirse. Sabía que esto estaba mal, que no debíamos cruzarnos así, pero cuando la puse en cuatro patas y le clavé mi monstruo hasta el fondo, escuchando sus gritos ahogados, no pude pensar en nada más. Cada embestida la hacía temblar, su culo golpeando contra mis caderas, su coño apretándome como si no quisiera soltarme. Cuando me corrí dentro de su trasero, su ano se contrajo alrededor de mi polla, ordeñándome hasta la última gota. La cama quedó mancha de semen, la almohada desordenada y su tanga tirado en un rincón, prueba de que nada volvería a ser igual.