Jeison Rojas le empotró a su hijastra en la terraza de la casa
El olor a cloro de la piscina se mezclaba con el sudor de su piel cuando Emilis Perez se inclinó sobre la baranda, mostrando ese culo perfecto que tanto me había robado a otro. Sabía que lo hacía para provocarme, para restregarme que ese cuerpo de diosa latina ya no era mío, pero hoy le iba a demostrar que yo seguía siendo el dueño de cada gemido que salía de su garganta. Le arranqué las medias de un tirón, dejando marcas rojas en sus muslos mientras le bajaba el tanga con los dientes. Su coño ya estaba mojado, listo para recibir mi polla, pero primero me aseguré de que supiera quién mandaba aquí. Le di una nalgada que resonó en toda la terraza, haciendo que su culo se estremeciera antes de hundir mi lengua en su raja, chupando con fuerza hasta que empezó a temblar. No me detuve hasta que sus uñas se clavaron en mi espalda, pidiéndome más. La puse a cuatro patas sobre la mesa del jardín, con las piernas abiertas y el culo en pompa, y me enterré en ella de una estocada, sintiendo cómo su coño apretaba mi verga como si no quisiera soltarme. Cada embestida era más fuerte, más profunda, hasta que sus gemidos se convirtieron en gritos ahogados. Le tiré del pelo hacia atrás, obligándola a arquear la espalda mientras la follaba sin piedad, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba antes de correrse. Cuando terminé, me limpié la boca con su tanga y le susurré al oído: 'Ahora sabe quién es el hombre de esta casa.'