Follar con compañera universitaria me dejó empotrado
El muy cabrón se sentó a mi lado en la biblioteca con esa sonrisa de saberse irresistible, y yo solo llevaba un top ajustado que dejaba ver cómo se me marcaban los pezones. Cada vez que se inclinaba para tomar apuntes, rozaba mi brazo y me susurraba cosas al oído. Me mandó fotos de su polla dura por debajo de la mesa, y yo, como una estúpida, me puse a gemir bajito mientras me tocaba el coño mojado. Cuando ya no aguanté más, lo arrastré al baño de discapacitados y me puse de rodillas para chuparle esa verga gruesa hasta que me agarró del pelo y me empotró contra el espejo. Me levantó las piernas y me la metió entera de golpe, sintiendo cómo me reventaba el coño con cada embestida. Me corrí gritando su nombre mientras me llenaba de leche, y él no paró hasta dejarme temblando con las piernas abiertas.