Culo redondo y tetas grandes de morra bailando twerk
Llevaba días viendo cómo ese culazo se movía como si el ritmo le naciera de las entrañas cada vez que se ponía a bailar frente al espejo del baño. No pude resistirme cuando empezó a contonear ese culo redondo y apretado que parecía estar pidiendo a gritos que alguien lo agarrara con fuerza. Me acerqué sigilosamente por detrás mientras ella se inclinaba hacia adelante, apoyando las manos en la pared para marcar el ritmo con las caderas, y sus tetas grandes y firmes rebotaban al compás de la música como si fueran dos melones maduros listos para ser devorados. Le pasé la mano por ese culo prieto y mojado por el sudor, sintiendo cómo la carne temblaba bajo mis dedos antes de darle un cachetazo que hizo que soltara un gemido ahogado y se mordiera el labio inferior. Sin avisar, le bajé el short ajustado hasta las rodillas para dejar al descubierto esa raja bien depilada que brillaba bajo la luz tenue del cuarto, y ella no opuso resistencia cuando la empujé contra la pared con el pecho pegado a la superficie fría mientras le separaba las nalgas con ambas manos para lamerle el coño desde atrás, sintiendo el sabor salado de su excitación mezclado con el dulce de su piel. Se le escapó un quejido ronco cuando le metí dos dedos bien adentro, retorciéndolos para que sintiera ese punto que la volvió loca, y entonces fue cuando se dio la vuelta con los ojos vidriosos de lujuria, agarrándome la polla por encima del pantalón hasta lograr que se le pusiera dura como una roca entre las manos. Me la chupó con tanta desesperación que sentí cómo la cabeza se me hinchaba y le agarré el pelo con fuerza para empujarla contra mi entrepierna, sintiendo cómo su lengua caliente trazaba círculos alrededor de la punta antes de metérsela toda hasta la garganta, ahogándose un poco pero sin dejar de mamársela como si no hubiera mañana. La levanté con un brazo mientras con el otro le apretaba una teta grande y pesada, sintiendo cómo el pezón se le ponía duro como una piedra bajo mi palma, y la senté en el borde de la cama para empotrarla contra el colchón con las piernas abiertas al máximo, clavándole la polla hasta el fondo en una sola embestida que la hizo gritar como una puta desesperada mientras se le escapaban chorros de jugos por las piernas. Empecé a moverme como un animal, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que le daba un golpe seco en el culo, dejándole marcas rojas en esas nalgas redondas que se sacudían con cada embestida, y ella respondía arqueando la espalda y clavándome las uñas en los hombros mientras gemía que no parara, que la hiciera correrse ya. Cuando sentí que los músculos internos le empezaban a temblar como gelatina, le agarré las caderas con ambas manos y la levanté unos centímetros del colchón para darle más profundidad, sintiendo cómo su coño se cerraba alrededor de mi verga como un puño caliente mientras se corría con espasmos violentos que le sacudían todo el cuerpo, gritando mi nombre con voz de puta satisfecha. No tardé ni dos embestidas más en sentir cómo la leche me hervía dentro y, con un rugido animal, le disparé toda la corrida caliente directamente contra el útero, sintiendo cómo se le escurría por las piernas mientras ambos caíamos rendidos sobre la cama, jadeando y sudados con el corazón a mil por hora.