Dos gameras se retuercen el culo en vivo
Las dos gameras llevaban horas pegadas a la pantalla, pero cuando se quitaron los audífonos y se miraron con cara de calientes supieron que la partida se les iba a ir de las manos. La morena de pelo largo se giró hacia su compañera, le agarró el culo con las dos manos y lo apretó fuerte contra su entrepierna, sintiendo cómo la tela fina del short se le humedecía al instante con el calor que desprendía el coño de la rubia. La rubia, sin pensarlo dos veces, le bajó el pantalón ajustado hasta los tobillos y dejó al aire un culo redondo, prieto y con un cachete que temblaba al ritmo de sus movimientos al caminar. La morena se agachó de golpe, le metió la lengua entre los cachetes del culo y le lamió el ano con movimientos circulares mientras la rubia gemía con los ojos cerrados y se agarraba a la mesa del escritorio para no caerse. La morena se levantó rápido, le metió los dedos en el coño empapado de la rubia y le sacó un chorro de jugos que le resbaló por los muslos, luego se quitó la sudadera y dejó al descubierto sus tetas pequeñas pero duras que botaban al compás de cada respiración agitada. La rubia, loca de lujuria, se tiró al suelo, se puso en cuatro patas y le suplicó a la morena que la empotrara por atrás, moviendo el culo de un lado a otro como si ya supiera lo que venía. La morena no se hizo rogar, se puso en posición, le escupió en el coño para lubricar un poco y le metió la polla dura hasta el fondo con un solo empujón que dejó a la rubia gritando de placer y con las uñas clavadas en la alfombra. Cada embestida era más fuerte que la anterior, el sonido de los cuerpos chocando retumbaba en la habitación junto con los gemidos ahogados de la rubia, que no paraba de repetir que se iba a correr si seguía así. La morena, con los huevos bien apretados, le agarró las tetas desde atrás y le mordió el hombro mientras le metía la polla hasta el fondo una y otra vez, sintiendo cómo el coño de la rubia se contraía a su alrededor como un puño caliente. Cuando por fin la morena sintió que no podía aguantar más, le soltó un último empujón brutal que hizo que la rubia se corriera con un chorro de leche espesa que le salió disparado entre las piernas, mojando la alfombra y dejándola temblando de placer. La morena, sin sacársela, se corrió dentro de ella con un gruñido animal, llenándola por completo mientras las dos se dejaban caer al suelo, jadeando y con el cuerpo cubierto de sudor y jugos.