Culona hermanastra se corre con shorts apretados
Los shorts ajustados de la hermanastra no podían contener ni medio segundo más ese culo que le temblaba cada vez que se agachaba a recoger la toalla. Él no pudo evitar que la verga se le pusiera dura al ver cómo el tejido se le clavaba entre las nalgas bien marcadas, dejando poco a la imaginación. Sin pensarlo dos veces, se acercó por detrás y le agarró fuerte el culo con ambas manos, sintiendo cómo la carne le temblaba bajo los dedos al apretarle las nalgas redondas como dos sandías maduras. Ella soltó un gemido ahogado cuando sintió el bulto enorme contra su trasero, entreabriendo los labios al notar cómo le rozaba el coño empapado por el fino algodón. ‘No deberíamos’, jadeó entre dientes, pero su cuerpo ya le delataba con un pequeño movimiento de caderas hacia atrás, invitándolo a que la penetrara sin más preámbulos. Él no necesitó más señales: le bajó los shorts de un tirón y le metió dos dedos por detrás, sintiendo cómo el culo se le contraía al instante, caliente y listo para recibir más. ‘Joder, qué estrecho tienes el coño’, gruñó al notar la humedad que le empapaba los dedos, mientras ella arqueaba la espalda y se mordía el labio inferior para no gritar. Con un empujón seco, se enterró hasta las bolas dentro de ese coño chorreante que lo abrazaba como un guante ajustado, escuchando cómo ella soltaba un grito gutural al sentir cada embestida profunda que le sacudía las entrañas. Las nalgas le rebotaban contra su pelvis con cada empotrada, el sonido húmedo de la carne chocando contra carne llenando la habitación mientras ella se agarraba a la pared para no caer. ‘Así, así, más fuerte’, suplicaba con voz ronca, sintiendo cómo el orgasmo le subía desde los pies hasta la cabeza, nublándole la vista de placer. Él, lejos de moderarse, la agarró por las caderas y se la clavó hasta el fondo, notando cómo el coño le apretaba la verga como si quisiera ordeñársela entera, hasta que un chorro espeso de leche le brotó dentro, llenándole el vientre de un calor pegajoso que le hizo temblar a ambos. Cuando por fin se retiró, ella se quedó jadeando, con el culo brillante de sudor y lefa, y los shorts hechos puré alrededor de los tobillos. ‘Me vas a matar’, susurró con una sonrisa pícara, mientras él se limpiaba la verga en su muslo tembloroso, listo para repetir en cuanto ella se recuperara. Porque ese cuerpo de diosa no estaba hecho para shorts apretados, sino para ser follado sin piedad cada vez que la lujuria los sorprendiera.