La morra se corre mientras habla con su novio por teléfono
La muy putita no podía aguantar más las ganas de que le metieran ese coño bien mojado que tenía entre las piernas. Mientras su novio le hablaba por teléfono con voz de idiota, ella se retorcía en el sofá mordiendo el labio inferior, imaginando cómo le iba a chupar hasta dejarle la polla como un fierro. No tardó en llegar su vecino, ese macho con un culo prieto y una verga que parecía un tronco, que no perdió tiempo y se lanzó sobre ella como un animal en celo. Sin pensarlo dos veces, le arrancó el vestido y le metió dos dedos bien adentro del coño, sintiendo lo empapada que estaba. Ella gimió fuerte, pero se tapó la boca con la mano para que su novio no se diera cuenta de lo que pasaba. El cabrón se la empotró contra la pared, agarrándole las tetas grandes que le rebotaban con cada embestida, mientras el teléfono seguía sonando al fondo. La morra no pudo más y se dejó llevar, sintiendo cómo la polla le llegaba hasta el fondo del coño mientras gritaba de placer. El novio seguía hablando, ajeno a todo, mientras ella se corría en chorros gruesos sobre el regazo de su amante, dejando el sofá lleno de leche y jugos. Pero el cabrón no se conformó con eso, le dio la vuelta y la puso a cuatro patas sobre la mesa del comedor, agarrándole el culo redondo y duro para darle unas palizas que le hacían vibrar las nalgas. La polla entraba y salía como un pistón, mojando el coño cada vez más, hasta que ella no pudo aguantar el orgasmo y se dejó caer sobre la mesa, con la boca abierta en un grito mudo. La corrida fue brutal, caliente y espesa, manchando todo a su paso mientras el novio seguía sin sospechar nada. Al final, ella se limpió los restos de semen de la boca y le sonrió al cabrón, sabiendo que esa polla le había dado el mejor polvo de su vida.