Amira la brasileña se empotra el culo bien duro
Amira llegó a la casa con ese culazo redondo que le bailaba bajo el vestido ajustado y no pudo evitar que se le escapara un gemido cuando le vio la polla dura asomando por el bóxer. Él, que ya la seguía en las redes, no perdió tiempo y la agarró del pelo para plantarle un beso que le dejó los labios temblorosos mientras sus dedos se hundían entre sus piernas comprobando lo bien que le mojaba el coño. Sin perder ni un segundo más la empujó contra la pared del salón, le bajó el tanga de encaje y le escupió en el culo para que se le abriera bien antes de clavársela hasta el fondo, arrancándole un alarido que retumbó por toda la casa. Amira, con las tetas rebotando como gelatina cada vez que él se la empotraba, se agarraba a la mesa de centro con uñas que le dejaban marcas en la madera mientras su culo se abría como una flor húmeda para recibir cada embestida brutal. Él le apretaba los pechos por detrás, le mordía el cuello y le susurraba cosas sucias al oído mientras sus bolas golpeaban contra su clítoris, haciendo que cada embestida le sacara más y más gemidos ahogados. La brasileña no podía ni respirar, solo arqueaba la espalda y le pedía más fuerte, más rápido, que no parara hasta que su coño no aguantara ni una gota más de leche caliente. Cuando por fin la empujó contra el suelo, con la polla aún palpitando entre sus nalgas brillantes de sudor, él se corrió dentro de ella sin piedad, llenándole el culo de leche espesa mientras Amira se retorcía bajo su peso, con las piernas temblorosas y el coño chorreando de tanto placer. Los dos quedaron tirados en el piso, jadeando, con manchas de semen y lubricante por todas partes, mientras ella se reía y le decía que si seguía así se iba a quedar sin energía para trabajar en el videíto siguiente. Pero él, con la polla medio dura aún, ya le estaba pasando los dedos por el culo para prepararla de nuevo, porque una vez que pruebas ese culazo perfecto no hay quien te lo quite de la cabeza.