Jefa brutal empotra a su empleada en el dormitorio con
La jefa esbelta y de tetas grandes llegó a la casa con ese vestido ajustado que le marca el culo prieto mientras la empleada delgada y de pelo negro se agachaba a recoger la ropa sucia. La mirada de la jefa no se apartaba de ese culito que se le movía al ritmo de sus pasos, y sin pensarlo dos veces le soltó un cachetazo en el trasero que hizo retumbar el pasillo. La empleada soltó un gemido ahogado al sentir el escozor mezclado con un calor húmedo que le empapaba las bragas de encaje, porque llevaba días imaginando esas manos fuertes sobre su cuerpo. La jefa, con voz ronca de mando, le ordenó que se quitara la falda y se arrodillara en la cama, mientras ella se bajaba el cierre del vestido para dejar al descubierto unas tetas firmes y unos pezones duros que apuntaban directo a la boca ansiosa de la empleada. Sin perder un segundo, la empleada se lanzó a chupar esa polla gruesa que ya asomaba por el slip ajustado de la jefa, sintiendo el sabor salado y el olor a deseo que desprendía cada centímetro de carne palpitante. La jefa le agarró la cabeza con fuerza y empezó a empotrarle la polla hasta el fondo de la garganta mientras le ordenaba que no parara, que se la tragara toda, y la empleada obedecía con los ojos llorosos pero los muslos temblando de excitación. Cuando la jefa sintió que ya no podía aguantar más, la empujó sobre la cama boca abajo y le subió el culo en pompa, dejándola con las piernas abiertas y el coño empapado brillando bajo la luz tenue del dormitorio. Con un empujón brutal, la jefa le clavó la polla bien dura hasta el fondo, haciendo que la empleada gritara como una puta descontrolada mientras las paredes del coño se le contraían alrededor de esa verga que la estaba partiendo en dos. Las embestidas eran cada vez más rápidas y profundas, el sonido de los cuerpos chocando resonaba en la habitación mezclado con los gemidos agudos de la empleada y los gruñidos animales de la jefa, que no paraba de soltar obscenidades mientras le azotaba el culo rojo y sudoroso. Cuando por fin la empleada sintió que se le nublaba la vista y el coño le ardía de placer, la jefa se corrió dentro con un rugido gutural, llenándole el vientre de leche caliente mientras ambas caían agotadas sobre las sábanas revueltas, con el olor a sexo y sudor flotando en el aire.