Bombástica morena se deja empotrar culo gordo por negra
La morena de culo grandote y tetas redondas llevaba días coqueteando con miradas llenas de lujuria cada vez que se cruzaba con la negra de nalgas macizas en el gimnasio. La primera vez que se toparon en los vestuarios, el aire se espesó con el olor a sudor y deseo contenido, y ella no pudo evitar clavar los ojos en ese culo prieto que se marcaba bajo el short ajustado. La negra, que no era nueva en estas lides, le agarró la mano sin decir ni una palabra y la llevó hasta el rincón más oscuro, donde solo se escuchaban los jadeos ahogados y el crujir de las duchas apagadas. En cuanto sintió los dedos gruesos de la negra deslizarse entre sus labios empapados, la morena soltó un gemido ronco y se dejó caer contra la pared fría, con las piernas temblorosas. La negra, que ya traía la verga dura como una piedra, la empujó contra el espejo empañado y le bajó el short de un tirón, dejando al descubierto un coño rosado y chorreante que pedía a gritos ser llenado. Con un gruñido bestial, la negra se clavó de un empellón hasta que la morena sintió que le llegaba al fondo del útero, sus tetas rebotando salvajemente contra el vidrio mientras los muslos le temblaban de placer. La negra la agarró de las caderas con fuerza descomunal y empezó a embestirla como si no hubiera mañana, haciendo que el culo gordo de la morena botara con un sonido húmedo y obsceno cada vez que el choque de carnes las hacía vibrar. Entre gritos de puta y súplicas por más, la morena se corrió al primer golpe certero en el clítoris, empapando el suelo con un charco de jugos que la negra no dudó en lamer con avidez mientras seguía metiéndosela sin piedad. Cuando la negra sintió que ya no podía aguantarse más, sacó la verga de golpe y le disparó una corrida espesa que le tapó el coño hasta los muslos, haciendo que la morena, aún jadeante, se diera la vuelta y se dejara llenar el culo con otra descarga caliente que le hizo gritar como una posesa. Las dos quedaron tiradas en el suelo, sudadas y satisfechas, con las nalgas pegajosas y el olor a sexo llenando el ambiente como un perfume barato pero adictivo.