Luna la powerlifter con un culo para follar sin parar
Luna llegó a la sala de pesas con un top ajustado que apenas cubría sus tetas enormes y un short que se le hundía entre sus nalgas redondas, sudando como si ya llevara horas calentando... Cada vez que levantaba la barra, sus pechos rebotaban con un ritmo obsceno y el short se le pegaba más al coño hinchado que ya le dolía de tanto imaginarse una polla clavándosele hasta el fondo. El primer contacto fue cuando el monitor le pasó las manos por la espalda para corregirle la postura y ella, sin pensarlo, apretó el culo contra su entrepierna, sintiendo cómo la verga dura del tipo se le clavaba en el muslo mientras gemía un 'joder' ahogado. No tardó ni dos minutos en arrancarle el short de un tirón, dejando al descubierto un coño tan mojado que brillaba bajo las luces del gimnasio, con los labios hinchados y goteando por las ganas que tenía de que la empotren. Él no necesitó más excusas: la levantó en peso muerto, le abrió las piernas como si fueran dos barras de acero y se la clavó de una sola embestida que la hizo gritar con una mezcla de dolor y placer, sintiendo cómo la polla le abría el coño hasta límites que ni en sus sueños más sucios había imaginado. Luna, convertida en una puta desesperada por más, empezó a mover las caderas como si estuviera levantando pesas, pero esta vez para cabalgarlo a él, sintiendo cómo cada embestida le llegaba al fondo del útero y le arrancaba gemidos guturales que resonaban entre las máquinas de musculación. El monitor, loco de lujuria, la empujó contra el banco de press banca y le metió la polla hasta la garganta mientras le agarraba las tetas con fuerza, ordeñándoselas como si fueran dos naranjas maduras listas para reventar. Ella, con la boca llena y los ojos llorosos de tanto sudor y saliva, no paraba de mover el culo hacia atrás para que se la metiera más hondo, sintiendo cómo la verga le llegaba hasta la garganta una y otra vez mientras los dos sudaban como cerdos en medio de un entrenamiento de verdad. El clímax llegó cuando él, con un gruñido animal, le llenó el coño de leche caliente mientras le mordía el hombro, haciendo que Luna se corriera al mismo tiempo con espasmos que le sacudían todo el cuerpo como si le hubieran electrocutado, dejando el banco de pesas manchado de sus fluidos y el gimnasio impregnado del olor a sexo y sudor. Cuando por fin se separaron, ella se quedó jadeando con las piernas temblorosas, el culo enrojecido por los golpes y el coño chorreando leche y jugos, mientras él se limpiaba la polla con la camiseta de ella antes de volver a empotrarla contra la pared del vestuario sin darle tiempo ni a respirar.