Mi coño bien mojado por varios polludos sin que se enterara
Llevaba meses coqueteando con esos cabrones del trabajo de mi novio, siempre con miraditas que decían más que mil palabras mientras se frotaban la verga por encima del pantalón... Hoy, después de tres cervezas de más, me volvieron loca con sus manos sudorosas sobre mis tetas bien naturales, que ya me pesaban de tanto rebotar en sus empujones brutos. Uno me empotró contra la pared del baño con su verga gruesa y larga, que me partía el coño en dos cada vez que me clavaba hasta el fondo, mientras los otros dos se turnaban para chuparme los pezones duros como piedras mientras gemía como puta sin control. El primero se corrió en mi boca a chorros, con su leche espesa resbalando por mi garganta mientras yo tragaba sin parar, pero no me dejaron ni respirar: el segundo me dio la vuelta y me puso a cuatro patas, agarrándome del culo bien prieto para clavarme su verga gorda hasta el fondo, sacándome un grito agudo que casi se me rompe las cuerdas vocales. El tercer cabrón, con esa verga que parecía un brazo, me embistió sin piedad mientras me agarraban de las tetas para que no me moviera, sintiendo cómo su capullo me rozaba el clítoris hinchado con cada embestida brutal. No pude aguantar más: me corrí gritando su nombre como una loca, con mi coño bien mojado chorreando por todos lados mientras me llenaban el culo de leche caliente que me resbalaba por las piernas. Me dejaron hecha un trapo en el suelo, con la polla de cada uno aún dura, mientras yo seguía temblando de placer y susurrando obscenidades que solo ellos entendían.