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La hijastra se corre gritando mientras la empotran

12:00 1080P 5 Culos Grandes
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Estúdio Rosi Lane

Apenas escuchó el crujido de la puerta del baño se le erizó la piel, sabía que era él otra vez metiéndose donde no debía. La hijastra, una morena de culo redondo y tetas pequeñas pero duras como manzanas, estaba enjabonándose los pechos cuando notó su presencia tras ella. No tuvo tiempo ni de cubrirse, porque enseguida sintió su polla gruesa y caliente rozándole el coño ya bien mojado, listo para ser usado sin piedad. Él la agarró por las caderas con fuerza de animal y la empujó contra la pared de azulejos fríos, haciendo que sus tetas se aplastaran contra el espejo empañado mientras empezaba a empalarla sin aviso. Ella soltó un gemido ahogado que se convirtió en un aullido cuando él le metió hasta las pelotas con un empujón brutal, sintiendo cómo su coño se abría como una flor mojada para recibir cada centímetro de esa verga que la dejaba sin aire. Los golpes secos de culo contra culo resonaban en el baño pequeño, mezclados con los chapoteos húmedos de su coño chorreante y los gruñidos masculinos que le llenaban la oreja. Ella, con los ojos vidriosos y la boca abierta de puro placer, no podía hacer otra cosa que dejarse llevar, sintiendo cómo su clítoris palpitaba al ritmo de cada embestida que le arrancaba hasta el último gemido. La polla gruesa le iba a mil por hora, sacudiéndola de arriba abajo sin darle tregua, mientras sus tetas pequeñas rebotaban como gelatina cada vez que la embestía hasta el fondo. Él le agarró un mechón de pelo, le echó la cabeza hacia atrás y le escupió directamente en el coño antes de volver a clavársela con más saña, haciendo que ella se corriera en menos de un minuto con un chorro grueso que le resbaló por los muslos. El líquido caliente le resbalaba entre las piernas mientras él, lejos de detenerse, la seguía empotrando con furia, buscando su propio orgasmo en ese coño que no paraba de gotear. Cuando por fin se descargó dentro con un gruñido gutural, ella se quedó temblando contra la pared, con la espalda cubierta de sudor y el coño palpitante aún abierto, deseando que no parara nunca.

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