Mamá tetona se pone en cuatro para yoga y termina con el culo bien empapado
La mamá de mi amigo siempre ha sido una mujer de curvas peligrosas, con un culo redondo y unos senos que rebotan con cada movimiento que hace. Un día, decidió hacer yoga en la sala de su casa con un short tan ajustado que se le marcaban hasta los labios de su coño. Yo no pude evitar espiarla por la ventana mientras ella se ponía en cuatro patas, arqueando la espalda para estirar su cuerpo. Su tanga negro apenas cubría su raja mojada, y podía ver cómo los jugos le chorreaban por los muslos. No resistí más y me acerqué sigiloso, arrodillándome detrás de ella para respirar el aroma de su culo caliente. Ella gimió al sentir mi aliento en su piel, pero no se movió, como si supiera lo que venía. Le bajé el short hasta las rodillas y le separé las nalgas para ver su agujerito rosado y su coño hinchado, listo para ser penetrado. Sin pensarlo dos veces, saqué mi polla dura y la empujé dentro de ella con fuerza, haciendo que gritara de placer. Cada embestida la hacía chocar contra el suelo, y sus tetas grandes se movían como gelatina con cada golpe. Le agarré el pelo y le tiré la cabeza hacia atrás mientras la follaba sin piedad, sintiendo cómo su coño apretaba mi verga como si no quisiera soltarla. Ella gemía como una puta en celo, pidiendo más, y yo no paré hasta que sentí que mi leche caliente le llenaba el vientre. Cuando terminé, ella se quedó temblando, con el culo bien abierto y el coño chorreando mi corrida. Fue la mejor sesión de yoga que había tenido en mi vida.