Rubia curvilínea recibe verga dura al aire libre
Llegó a la cancha de tenis con un short ajustado que apenas tapaba su culo prieto y una camiseta que se le pegaba al pecho lleno de curvas, la pelirroja no podía ni caminar sin que sus tetas rebotaran bajo el sol de Los Ángeles. El pro de tenis, un tipo alto y musculoso con una verga que prometía lo que luego cumpliría, la miró con esa sonrisa de depredador que solo las putas más viciosas reconocen. Sin perder tiempo, ella se dejó caer de rodillas sobre la hierba fresca, le abrió el short con manos temblorosas y sacó esa polla gruesa que ya goteaba por la punta, lista para dejarla bien mojada. Él no perdió ni un segundo en empujarla contra la red, le bajó el tanga hasta los tobillos y le abrió las nalgas para sentir su coño empapado rogando por ser llenado. Con un gemido gutural, ella se aferró a la malla mientras él le clavaba la verga hasta el fondo, empotrándola con embestidas brutales que hacían rebotar sus tetas contra su pecho sudoroso. Cada vez que la polla entraba hasta el fondo, ella soltaba un grito ahogado mezclado con un jadeo que se perdía entre el viento, su coño apretando la verga como si no quisiera soltarla nunca. El tipo, lejos de ser suave, le agarró el pelo con fuerza y le metió la verga hasta la garganta, obligándola a chupar hasta que le escupió leche caliente en la boca entre gemidos de placer. Pero no terminó ahí: la puso en cuatro patas sobre la mesa de tenis, le levantó el culo bien alto y le metió la verga desde atrás con tal fuerza que sus piernas temblaron y un chorro de fluidos le resbaló por los muslos. Cuando por fin se corrió, lo hizo con un espasmo violento, sus paredes vaginales apretando la polla hasta exprimirle hasta la última gota mientras él rociaba su coño con semen espeso, dejando ambos sudorosos, jadeantes y exhaustos bajo el cielo abierto de California.